MYANMAR

Yangon

Nuestra primera parada fue esta ciudad. Llegamos con lluvia, pero con muchas ganas de ver este ansiado país. Nada mas llegar, tuvimos la sensación de volver a estar en la India, debido a su caos en la carretera y sus olores, pero su gente y su religión, el budismo, hacia que dejáramos esa idea a un lado. Una vez alojados, por cierto el mejor hotel del viaje, quisimos aprovechar las horas de sol que nos quedaban. Nos pusimos a andar rumbo a Shwedagon, la Pagoda más antigua y grande del mundo, pero antes paramos en otra a menos escala llamada Mahal Wizaya. Shwedagon nos dejó alucinados, ya que pudimos verla antes, durante y después de la puesta de sol, pudiendo observar los cambios de luz sobre su dorada superficie. Al anochecer, volvimos dando un paseo hasta el magnífico hotel (como valoras estas cosas durante este tipo de viaje).

El segundo día, lo dedicamos a perdernos entre las calles de mercados locales con sus miles de puestecitos. También nos acercamos al más conocido mercado local Bagyoke Aung Sang, este último más caro y con más afluencia de turistas. Por la tarde salimos del hotel dirección estación de autobuses para hacer trayecto nocturno hasta un nuevo destino, Bagan.

Bagan

Tierra conocida por sus más de 12.000 templos repartidos por diferentes zonas del pueblo que se tardaron en construir dos siglos y medio. Llegamos bien prontito de madrugada. Durante el trayecto conocimos a David, un chico de Valladolid, al cual nos juntamos para pasar el primer día. Alquilamos una moto eléctrica y nos pusimos a recorrer templos. Al llegar a uno de ellos, conocimos a dos chicas autóctonas que nos llevaron a uno de su templos favoritos, el cual estaba metido hacia dentro de la vegetación y desde el que tuvimos unas vistas privilegiadas, además de estar solos. Judit se dejó maquillar con la pintura clásica del país por las dos chicas; quedo fantástica!! Al anochecer, cenamos en un sitio autóctono con David.

El segundo y tercer día, lo dedicamos a perdernos con una moto eléctrica por los miles y miles de templos, yendo tanto a los más frecuentados como a los que la soledad nos hacía disfrutar y a la vez pensar que nos encontrábamos en un pueblo aún por explorar, todo esto acompañados por David. El cuarto día pusimos rumbo a la capital de Myamar; Mandalay.

Mandalay

Llegamos a la capital al medio día. Aprovechando que hacía buen día, nos acercamos junto con David a la Mandalay Hill para poder apreciar el atardecer. Después de subir unos cuantos escalones, llegamos a la cima y pudimos contemplar unas buenas vistas.

El segundo día, alquilamos una moto para aventurarnos en la loca conducción de esta ciudad, en la que los cruces se convierten en un "que pase quien pueda", eso sí, siempre pitando para avisar que vas a entrar tu primero. Salimos de la ciudad para llegar al puente U-Bein, el puente de madera de teca más largo del mundo. De ahí fuimos a la Sagaing Hill, otra montaña situada a unos 20 km de Mandalay. Al ver que el día se había despejado, volvimos al puente (repleto de turistas) para ver el atardecer y finalizar de esta manera un gran día. El último día en la ciudad lo dedicamos hacer limpieza de ropa y buscar el billete de tren para el próximo destino; Hsipaw.

Hsipaw

Después de un largo camino en un tren para el cual los años no han pasado, llegamos a este pequeño pueblo. Una vez alojados y debido a la hora que era y de la lluvia, hicimos una comida-cena acompañada de una buena cerveza con David. El segundo día cambiamos de hostel y nos aventuramos a hacer un trekking por nuestra cuenta. Fuimos a la cascada Nam Hu Nwe que tiene una altura de 35m. El paseo hasta ella es muy ameno y nada duro. Al atardecer fuimos hacia la Sunset Hill, pero no tuvimos suerte de ver el atardecer, ya que las nubes habían tomado el cielo. Esa misma noche cenamos con David y Iholdi, una chica de Bilbao.

Al día siguiente los mismos que cenamos nos hicimos otra ruta por el pueblo. Primero al mercado local, después a little Bagan (muy muy muy little), seguidamente al monasterio de bamboo y acabamos dándonos una buena comida y un buen café en un lugar llamado Mr. Popcorn. Por la noche nos tomamos una buena cerveza de tirador (la primera de todo el viaje).

El tercer día nos despedimos de los dos, en especial de David con quien hemos compartido 9 días juntos de templos, pagodas, cervezas y reflexiones. Te deseamos lo mejor en tu aventura por Nueva Zelanda y tu regreso a Kapas, tu isla. Esa misma tarde pusimos rumbo a un nuevo destino; Kalaw.

Kalaw

Bien temprano el autobús nos dejó en el pequeño pueblo de Kalaw, después de descansar un rato salimos hacia Shwe U Min Paya, una zona repleta de doradas pagodas con una gran cueva con cientos y cientos de estatuas budistas en su interior. Perdiéndonos por los caminos del extrarradio del pueblo, topamos con la Hnee Pagoda, o también como conocida Bambú Pagoda. Al día siguiente, contratamos el famoso trekking de Kalaw al lago Inle y debido al mal tiempo hicimos tarde de películas en el hotel.

Trekking Kalaw - Lago Inle

A las 9 de la mañana, nos recogía la furgoneta para llevarnos al inicio del trekking. Allí coincidimos con un grupo de 3 franceses y dos holandeses junto con el que sería nuestro guía. Hicimos un total de 40 km entre los dos días en un camino llano, ameno, repleto de barro y de coloridos paisajes y gente local. Destacamos la experiencia de haber dormido en un monasterio budista perdido en la montaña y el divertido grupo de compañeros de trekking que nos tocó con los que compartimos cervezas, cartas y muchas risas.

Inle lake

Al finalizar el trekking una pequeña barca nos recogió en el sur del lago y nos llevó a través del mismo hasta llegar a Nyaung Shwe, el pueblo en el que nos alojábamos y en el que nos esperaban nuestras mochilas y un baño caliente. Más tarde nos reencontramos con los compañeros de trekking Sarah, David y Cami para celebrar nuestra llegada y cenar en un sitio local.

Al día siguiente fuimos a dar una vuelta por el mercado local. Después de comer nos fuimos a las afueras, donde encontramos pequeñas aldeas con su sonriente gente.El tercer día, por la tarde pusimos rumbo a Myaguaddy, pueblo fronterizo con Tailandia y así poder entrar de nuevo en este país.

¿Qué es para nosotros Myanmar?

Realmente es difícil describirlo con palabras. La sensación de paz, tranquilidad y más que hospitalidad que le envuelve, convierten a este país en mágico y especial. El hecho de que aún no haya sido corrompido por el turismo hace que conserve su esencia. También hay que decir que debido a esto es difícil salirse de la ruta marcada, pero a la vez esto hace que aun quede mucho por explorar. La bondad de su gente hace que te vuelvas más humano y por un segundo pienses que en este mundo el respeto y la armonía siguen siendo unos de los pilares de la sociedad. MINGALABA!

Días: 18.

Km: 2.263.

Horas de transporte: 56,5 h.

Ruta: Yangon, Bagan, Mandalay, Hsipaw, Kalaw, Inle Lake y Myawaddy.

Gastos: 585€.

Recomendación: Deja que este país te transmita todo lo que tiene que darte.

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